No voy a pedirte que te quedes, porque sé que voy a complicarte la vida. No voy a pedirte que seas valiente, cuando yo soy la más cobarde. No voy a pedirte que te arriesgues, cuando yo puedo ser tu perdición. No voy a pedirte que me beses para callarme cuando hablo de más. No voy a pedirte que me abraces, aunque me maten las ganas de perderme un rato en tus brazos. No voy a pedirte que me salves.
No voy a pedirte que omitas todos estos “no”. Pero si lo haces, si te quedas, si eres valiente, si te arriesgas, si me abrazas, si me besas, si me salvas, entonces no me pidas que renuncie otra vez a ti. Prepárate para desequilibrarnos mutuamente la vida.