Ven, déjame que te mire esa
herida. Sana, sana, culito de rana. Ea, vete de nuevo a jugar con los demás,
que ya te he puesto la supertirita que todo lo cura. Pero ten cuidado esta vez, pequeño, que entre lo inocente que eres
y lo mucho que sueñas, dejas que los demás te hagan pupa fácilmente, y ya no me
queda dinero para comprar un corazón de repuesto.
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