At tu, Catulle, destinatus obdura.
Estúpida Laura, deja ya de hacer el tonto y eso que ves que ya
está más que muerto, dalo por perdido. ¡Ay! Brillaron para ti radiantes soles,
cuando aquel joven aún te sonreía. Pero ahora que él ya no te quiere, no lo
hagas tú tampoco, no le sigas. Mantente firme, resiste, endurece tu corazón. No merece la pena estar triste.
¡Adiós, muchacho! Ahora tomo las riendas de mi vida. No te buscaré ni te rogaré que vuelvas. Y
aunque me torture imaginándome esos nuevos labios que morderás, me mantendré
firme.
Al corazón no hay que endurecerlo, hay que negociar con él, como ya bien sabes. No hay que permitirle que deje escapar una nueva oportunidad que se presente. Pero mantenerse firme sí: las decisiones se llaman decisiones porque hay que mantenerlas. Y es que al final en esta vida, aunque sea duro admitirlo, el tiempo lo cura todo.
ResponderEliminarMe alegra que sigas publicando textos (aunque sea egoísta decirlo por mi parte viendo el contenido de la entrada), porque a la imaginación y a la pluma, a esas sí que no hay que dejar que se endurezcan.
Lo que más me alegra de volver a escribir es que tú me leas y me comentes. Así me entran muchas más ganas de no volver a abandonar mi boli de bichitos extraños (es que con las plumas siempre me mancho) y seguir dejando por aquí mis pequeñas chorradas ^^
Eliminar