Cada vez que salgo de casa guardo el corazón en el bolsillo
de mi pantalón. Desde que te vio por primera vez se ha vuelto revoltoso y no
hay quien lo aguante. ¡Hasta lo he pillado varias veces intentando escaparse
por la ventana! Así que he pensado que lo mejor será hacer un trato: yo lo dejo
en libertad todas las noches si me promete portarse bien durante el día.
¡Es
imposible vivir con un corazón que a cada momento se te sale por la boca!
Si ya lo decían los antiguos: «A los corazones hay que atarlos corto».
ResponderEliminarAl final he conseguido dominarlo y hemos cambiado un poco los términos del pacto. Dice que me va a dejar hacer el máster tranquila y que ya luego hablaremos de escaparse y esas cosas, jaja.
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