sábado, 6 de abril de 2013

Coleccionista de sonrisas


Érase una vez un fotógrafo obsesionado con capturar cada momento importante a través del objetivo de su cámara. No quería dejar de captar cualquier sonrisa con él. Desde muy pequeño, comenzó a manifestar esta extraña atracción por las sonrisas ajenas y con el tiempo se despertó en él un deseo incontrolable por coleccionarlas: allá por donde fuera, buscaba sonrisas espontáneas e inesperadas, nunca le gustaron las sonrisas forzadas de la gente que posaba ante la cámara. De todas ellas, las que más despertaban su obsesión era la de las mujeres. Pero esa no las fotografiaba: las grababa a fuego en su mente, memorizando hasta el más mínimo detalle, estudiándolas detenidamente, conociendo cada matiz, descubriendo que la belleza de una sonrisa no reside en la belleza del rostro que la viste, sino en la sinceridad que ella encierra. Incluso llegó a darse cuenta de que nadie es capaz de sonreír dos veces de la misma manera. Pero la conclusión más importante a la que llegó es que todas las personas, sin excepción, tienen capacidad para mostrarla.

Y durante años siguió coleccionándolas. Llenó salas de exposiciones, vendió millones de ellas. Pero durante todo ese tiempo siempre se olvidó de fotografiar la más importante de todas: la suya.

2 comentarios:

  1. Ya se sabe: el fotógrafo nunca sale en la foto. Pero seguro que tenía mucha gente con quien compartir sus sonrisas :)

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    1. No hay nada más bonito que compartir sonrisas, porque son uno de los muchos pequeños placeres que forman el día a día. El fotógrafo poco a poco ha comenzado a recordar que con su sonrisa se generan muchas otras y ha decidido retratar la suya también y exponerla :)

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