viernes, 27 de marzo de 2015

Querida yo

Querida yo: 

Esto que ves no son los restos del naufragio. Aprendiste a nadar antes que a caminar. Eres a la vez el peor de los mares y la más bella mar. La sal que necesitan las heridas. Eres cálida como el sur en el que vives, pero te empeñas en ser fría. Revienta la burbuja, fuera también hay gente buena. Solo tienes que mirar a tu lado. Deja de pasar por todo de puntillas. Tienes tanta sensibilidad dentro que te asusta. Pero no puedes vivir huyendo siempre de ti.

Que te has bebido el amor, las dudas, las distancias y la ginebra.

Que has soñado una vida de dos. 

Que has amado. 

Que has sido valiente. 

Sí, pero sola. 

Siempre has dicho que el amor no es apto para cobardes. Eres tan inteligente para unas cosas, pero para otras eres una auténtica kamikaze. Luchas en batallas que tienes perdidas de antemano.
Que sí, que llevas razón. Pero no eres los retales que han quedado de tus historias. Eres tu propia historia. Esto que ves eres tú, imperfecta. Quiérete, bonita. Sé tu poesía, tu cura, tu musa. 

Y ríe. Y llora. Y ama. Siente. Vive de una puta vez, que se te hace tarde. Aún estás a tiempo de salvarte.

viernes, 27 de febrero de 2015

Inventar

"Inventa”, dijiste. Mal asunto, querido. Si no la ato en corto, mi imaginación vuela tan libre que posiblemente nos vea ya comiendo perdices en nuestro castillo, que deje de ser el dragón que acude a tu rescate cuando te secuestran damiselas que no te convienen o peor, dejo de ser la revolución de tu cama, la tormenta de tu vida y me transformo en la princesa sumisa que nunca he sido, esperando tu aparición estelar en mi película, cargado de rosas y poemas.

Ya ves, al final siempre me voy por las ramas y yo solo quería decirte que me canso de imaginar futuros contigo. Ya es hora de vivirlos. Aunque sé que eso es inventar demasiado.

sábado, 14 de febrero de 2015

Feliz Sin/San Valentín


Los 14 de febrero siempre me parecieron absurdos. Día de los enamorados, San Valentín o Sin Valentín, que es como me gusta llamarlo. Yo, la ñoña por excelencia, la romántica empedernida, la soñadora de historias con final feliz, he mirado a mi alrededor y me he visto rodeada de mis amigas, unas mujeres maravillosas, aunque a veces ni ellas son consciente de ello: una iliturgitana que aúna sensibilidad y carácter, que derrocha pasión en todo lo que hace, que lo mismo te salva con un abrazo que te da una hostia verbal, pero que jamás te abandona aunque seas un desastre con patas; una Rapunzel que vive en su torre y espera que un guapo se deje caer y le ponga la vida del revés, el corazón a mil por hora y le quite el invierno y el modo oruga de golpe; una cocodrila arisca, toda coraza y valentía (fingida a ratos), pero tan frágil y pequeña que te encantaría abrazarla, quitarle la desconfianza de golpe y recomponer las partes rotas; una ranita insegura con un corazón tan grande que a veces me pregunto como le cabe tanto amor incondicional en el pecho; y una bolita odiosa de amor, con tanto brillo en los ojos y tanto cariño para regalar, que no sabes si quererla u odiarla. 
No sé qué ven ellas cada vez que se miran al espejo, pero si se vieran con mis ojos, si fueran consciente de lo bellas que son por dentro y por fuera, muchas noches no se torturarían a base de preguntas absurdas sobre por qué algunas historias acabaron mal, por qué se cruzaron con las personas inadecuadas o por qué la suerte a veces las abandona o por qué algunas cosas no salen como les gustaría. Y yo, mientras las escucho e intento pintarles un mundo más bonito, no puedo sentirme más afortunada por tenerlas en mi vida.

Feliz día de los enamorados a todas vosotras, amigas, porque jamás he celebrado este día rodeada de tanto amor bonito como el que nos tenemos nosotras.

lunes, 9 de febrero de 2015

Concurso de microrrelatos "Inspiraciones nocturnas"

Hace algo más de un mes decidí participar el “I Concurso Microrrelatos Nocturnos” de Diversidad Literaria con una adaptación de A ciegas, algo que escribí en una de esas noches de insomnio, de nudo en el pecho y charlas nocturnas que tanto me dan de sí. Creedme cuando os digo que jamás pensé que ganaría y que lloré de alegría con la noticia.  Rara vez he cruzado la frontera de este chaos scriptorium y en unos días podréis leerme en la antología "Inspiraciones nocturnas", donde se recopilan los mejores microrrelatos presentados al concurso. Estoy muy ilusionada. Non omnis moriar, que diría Horacio: algo mío permanecerá más allá de este blog. 

Os lo dejo aquí, por si no podéis esperar a que salga publicado. Espero que os guste. 

A ciegas
Tengamos esta noche una cita a ciegas. Vístete con tus mejores galas. Te espero en la mesa de nuestro bar mientras repaso en mi cuaderno los cuentos del pasado. Cuando llegues, véndame los ojos y susúrrame las palabras exactas, erízame la piel con su belleza, trae contigo las letras perdidas. Devuélveme las musas y no me abandones de nuevo. Puedo vivir sin amor, pero tú, Inspiración, me sigues haciendo mucha falta.

lunes, 26 de enero de 2015

Una de tristes con ginebra, por favor

A Diego, por la charla noctámbula. 

A las fiericillas sentimentalmente indomables como yo solo la música las amansa. Los corazones rebeldes, los que aman por encima de sus posibilidades, los que buscan revoluciones nocturnas en brazos desconocidos se dejan acunar por los acordes, se abrazan a las notas desesperadas de una guitarra y se rinden a las curas musicales. 
¡Ay, las curas musicales! Se las recomiendo. Arañan por dentro, pero qué bien sientan cuando eres capaz de mirarte de nuevo al espejo, reconocerte después del ansiado (auto)perdón y expulsar las dudas a base de canciones. Terapia de choque que te deja una resaca emocional que no se cura ni a base de ibuprofeno. 
Joder, creo que padezco cantatristesfilia. No ponga esa cara de susto, que no es tan grave como parece. Y perdone que le cuente mi historia, pero es que le puedo asegurar que aquella madrugada fui la más guapa de Sevilla. 
Camarero, póngame otra de tristes con ginebra, por favor.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Últimas horas

Es la última tarde del año y estoy aquí, en mi rincón, sorbiéndome las lágrimas y alegrándome al mismo tiempo mientras leo esos mensajes llenos de cariño y que sé que salen desde el corazón de amigos, compañeros o personas que simplemente aparecieron en este 2014, que tantas cosas buenas ha dejado. Siempre he dicho que los pares son mis números favoritos y este no ha sido la excepción. No voy a hacer una lista de propósitos, porque soy experta en incumplirlos todos. Y quizá porque en estos días he aprendido más que nunca a valorar el presente, los hechos y las ganas, la importancia de un “te quiero” o un abrazo a tiempo, que de poco vale tener dinero si la salud hace mella a tu alrededor, hacer un balance de estos últimos 365 días se me hace extraño. 

Son muchas las ocasiones que este espacio me ha visto escribir sobre dormir con la felicidad al otro lado de la cama, de los reencuentros inesperados, de las curas musicales y locuras, de poesía, de un gin-tonic o un café con esas personas que siempre están cuando se necesitan con urgencia abrazos calentitos, de las mañanas de trabajo en las que sientes que tanto esfuerzo valió la pena, de la inspiración, compañera caprichosa, del regreso a las ciudades que una vez me vieron pasear feliz y por cuyas calles he vuelto a perderme con una sonrisa más madura, del amor, en todas sus facetas, bajo distintos nombres, distintas caras, distintas historias, distintos errores de los que aprender. Porque al final, año tras año, esto es lo que nos queda, las experiencias vividas y los buenos recuerdos. Gracias a todos los que habéis puesto vuestro granito de arena en el reloj de este año. 

Cuando las doce campanadas den su nota final, barreré este 2014 con una sonrisa, levantaré mi copa y brindaré por todo lo bueno que esté por llegar y pediré algunos deseos y salud para los míos. Quién sabe, quizá la magia de esta noche me traiga buenas noticias.

¡Feliz 2015!

domingo, 9 de noviembre de 2014

Miedo

Miedo. Del latín metus. Lo que viene a decir que a ratos me acojona vivir y a ratos me acoja no sentir(te); que a ratos me creo mi propia mentira de que soy una valiente capaz de saltar al vacío sin paracaídas, sin pensar en consecuencias ni en daños colaterales. Que ya ni el monstruo de mi armario puede tragarse mis miedos. Se han construido un pequeño apartamento en mi pecho y deben estar muy calentitos ahí, porque no hay quien los saque: un nudo que todo lo abraza, que ni sube ni baja. Te lo juro: hay días que ni siquiera sé qué me da miedo.

Pero lo peor llega cuando amanece y es domingo. Ese día el verbo huir me parece demasiado tentador, hasta que la razón vuelve y me recuerdo que no puedo huir de mí conmigo. Las ganas de escapar vuelven a su redil y aquí me quedo yo, conmigo, contigo pero sin ti, con mi tesis, con las inseguridades y mis fantasmas académicos, con todo este maldito totum reuolutum que tengo entre la cabeza y el corazón. Y te juro que sigo sin saber qué me da más miedo: el amor o la soledad, las dudas o las certezas, las casualidades que a ratos nos acercan o mis ganas de correr en otra dirección, si es mejor refugiarme una vez más entre tus brazos o dejarme llevar y perderme en nuevos cuerpos, mis tendencias al terrorismo emocional o dejar de sentir. Te lo juro. Hay días en que no sé qué me da más miedo.

Hoy arrastro un futuro incierto y algunas copas de más. Ya ni los gin tonics me salvan de mi presencia ni de tu ausencia, ni las sábanas y ni los presentimientos de mi madre me curan. El miedo al fracaso que se respira a mi alrededor se huele a kilómetros de distancia. Y no olvides que los miedos se alimentan de miedos y yo tengo un surtido.
Y te juro que hoy no sé que me da más miedo.