lunes, 26 de enero de 2015

Una de tristes con ginebra, por favor

A Diego, por la charla noctámbula. 

A las fiericillas sentimentalmente indomables como yo solo la música las amansa. Los corazones rebeldes, los que aman por encima de sus posibilidades, los que buscan revoluciones nocturnas en brazos desconocidos se dejan acunar por los acordes, se abrazan a las notas desesperadas de una guitarra y se rinden a las curas musicales. 
¡Ay, las curas musicales! Se las recomiendo. Arañan por dentro, pero qué bien sientan cuando eres capaz de mirarte de nuevo al espejo, reconocerte después del ansiado (auto)perdón y expulsar las dudas a base de canciones. Terapia de choque que te deja una resaca emocional que no se cura ni a base de ibuprofeno. 
Joder, creo que padezco cantatristesfilia. No ponga esa cara de susto, que no es tan grave como parece. Y perdone que le cuente mi historia, pero es que le puedo asegurar que aquella madrugada fui la más guapa de Sevilla. 
Camarero, póngame otra de tristes con ginebra, por favor.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Últimas horas

Es la última tarde del año y estoy aquí, en mi rincón, sorbiéndome las lágrimas y alegrándome al mismo tiempo mientras leo esos mensajes llenos de cariño y que sé que salen desde el corazón de amigos, compañeros o personas que simplemente aparecieron en este 2014, que tantas cosas buenas ha dejado. Siempre he dicho que los pares son mis números favoritos y este no ha sido la excepción. No voy a hacer una lista de propósitos, porque soy experta en incumplirlos todos. Y quizá porque en estos días he aprendido más que nunca a valorar el presente, los hechos y las ganas, la importancia de un “te quiero” o un abrazo a tiempo, que de poco vale tener dinero si la salud hace mella a tu alrededor, hacer un balance de estos últimos 365 días se me hace extraño. 

Son muchas las ocasiones que este espacio me ha visto escribir sobre dormir con la felicidad al otro lado de la cama, de los reencuentros inesperados, de las curas musicales y locuras, de poesía, de un gin-tonic o un café con esas personas que siempre están cuando se necesitan con urgencia abrazos calentitos, de las mañanas de trabajo en las que sientes que tanto esfuerzo valió la pena, de la inspiración, compañera caprichosa, del regreso a las ciudades que una vez me vieron pasear feliz y por cuyas calles he vuelto a perderme con una sonrisa más madura, del amor, en todas sus facetas, bajo distintos nombres, distintas caras, distintas historias, distintos errores de los que aprender. Porque al final, año tras año, esto es lo que nos queda, las experiencias vividas y los buenos recuerdos. Gracias a todos los que habéis puesto vuestro granito de arena en el reloj de este año. 

Cuando las doce campanadas den su nota final, barreré este 2014 con una sonrisa, levantaré mi copa y brindaré por todo lo bueno que esté por llegar y pediré algunos deseos y salud para los míos. Quién sabe, quizá la magia de esta noche me traiga buenas noticias.

¡Feliz 2015!

domingo, 9 de noviembre de 2014

Miedo

Miedo. Del latín metus. Lo que viene a decir que a ratos me acojona vivir y a ratos me acoja no sentir(te); que a ratos me creo mi propia mentira de que soy una valiente capaz de saltar al vacío sin paracaídas, sin pensar en consecuencias ni en daños colaterales. Que ya ni el monstruo de mi armario puede tragarse mis miedos. Se han construido un pequeño apartamento en mi pecho y deben estar muy calentitos ahí, porque no hay quien los saque: un nudo que todo lo abraza, que ni sube ni baja. Te lo juro: hay días que ni siquiera sé qué me da miedo.

Pero lo peor llega cuando amanece y es domingo. Ese día el verbo huir me parece demasiado tentador, hasta que la razón vuelve y me recuerdo que no puedo huir de mí conmigo. Las ganas de escapar vuelven a su redil y aquí me quedo yo, conmigo, contigo pero sin ti, con mi tesis, con las inseguridades y mis fantasmas académicos, con todo este maldito totum reuolutum que tengo entre la cabeza y el corazón. Y te juro que sigo sin saber qué me da más miedo: el amor o la soledad, las dudas o las certezas, las casualidades que a ratos nos acercan o mis ganas de correr en otra dirección, si es mejor refugiarme una vez más entre tus brazos o dejarme llevar y perderme en nuevos cuerpos, mis tendencias al terrorismo emocional o dejar de sentir. Te lo juro. Hay días en que no sé qué me da más miedo.

Hoy arrastro un futuro incierto y algunas copas de más. Ya ni los gin tonics me salvan de mi presencia ni de tu ausencia, ni las sábanas y ni los presentimientos de mi madre me curan. El miedo al fracaso que se respira a mi alrededor se huele a kilómetros de distancia. Y no olvides que los miedos se alimentan de miedos y yo tengo un surtido.
Y te juro que hoy no sé que me da más miedo.

domingo, 5 de octubre de 2014

XXV

El calendario da una vuelta más y añado un octubre a mi colección. 
Subo otro peldaño en la lista de los años vividos en números romanos. Dejo atrás la seguridad de los números pares, me lanzo al mar del cuarto de siglo con alguna arruga más, algún sueño de menos, unas cuantas cicatrices nuevas, un par de proyectos sobre la mesa, un reencuentro con la poesía, paseos por las calles de ciudades ya conocidas, nuevos lugares en los que me he perdido y me he encontrado, congresos, el comienzo de una tesis, la felicidad dormida a mi lado, mis amigos, los de siempre y los de ahora, la familia, una semana de celebraciones. 
Veinticinco velas que esperan mi deseo antes de consumirse. 
Veinticinco otoños.
Un año más.
Y las mismas ganas de escribir.

martes, 30 de septiembre de 2014

Suicidas temporales

Tengo tendencias suicidas:
soy asesina de presentes.
Desenfundo los “y si…” de mis dudas pasadas
y cae,
             
                    moribundo,

                                                   a mis pies

el futuro de cada hoy.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Haciendo un pulso cabeza-corazón

Se me agolpan las ideas en la cabeza y hay tanto ruido aquí dentro que no sé ni por dónde empezar a escribir. Darle orden a mi caos personal es una tarea emprendida en vano: cabeza y corazón no sintonizan en la misma frecuencia. Los diccionarios y las fábulas reclaman mi atención, pero el silencio de la biblioteca me abruma. Pongo música buscando algo que llene ese vacío. Error. Marwan me muerde, reescribe mi historia a dos manos junto a Diego Ojeda, Andrés Suárez dispara a bocajarro y yo, que soy experta en terrorismo emocional, dejo que me arañen, que me duelan, que me inviten al olvido y al recuerdo a partes iguales. 

Sólo sé que te quiero en mi vida, más allá de mis miedos, tus dudas y nuestros fracasos. Más allá de hoteles y ciudades compartidas dentro de una burbuja atemporal que nos salva momentáneamente de mi alergia a las despedidas. 

Todo y nada. Yo te daría todo y a nada se reduce la posibilidad de que eso ocurra. Ya no sé si soy valiente o una cobarde más que engrosa las listas de amores imposibles justificados a base de un millón de excusas que me invento sobre la marcha. Para negarte. Porque "quizás contigo estuve / tan demasiado cerca de su reino, / que necesito ahora desmentirte, / utilizar los trucos que uno tiene / para poder seguir".

Para, Laura, que aún estás a tiempo de salvarte del desastre. 



Tarde.

martes, 26 de agosto de 2014

Ajuste de cuentas

Saldemos nuestras cuentas pendientes, pequeño.
Me debes la pasión, las ganas y algo de amor.
Voy a cobrármelo todo junto.
Y con intereses.