lunes, 26 de enero de 2015

Una de tristes con ginebra, por favor

A Diego, por la charla noctámbula. 

A las fiericillas sentimentalmente indomables como yo solo la música las amansa. Los corazones rebeldes, los que aman por encima de sus posibilidades, los que buscan revoluciones nocturnas en brazos desconocidos se dejan acunar por los acordes, se abrazan a las notas desesperadas de una guitarra y se rinden a las curas musicales. 
¡Ay, las curas musicales! Se las recomiendo. Arañan por dentro, pero qué bien sientan cuando eres capaz de mirarte de nuevo al espejo, reconocerte después del ansiado (auto)perdón y expulsar las dudas a base de canciones. Terapia de choque que te deja una resaca emocional que no se cura ni a base de ibuprofeno. 
Joder, creo que padezco cantatristesfilia. No ponga esa cara de susto, que no es tan grave como parece. Y perdone que le cuente mi historia, pero es que le puedo asegurar que aquella madrugada fui la más guapa de Sevilla. 
Camarero, póngame otra de tristes con ginebra, por favor.