sábado, 14 de junio de 2014

Llegada a la meta

Hoy es uno de esos días en los que (pre)sientes que algo bueno va a pasar (al margen de la Luna llena y esa historia que una vez me contaron sobre que nada malo puede pasar durante esas noches). Te levantas con esa alegría que precede a lo bueno, aunque aún no sepas en qué consiste. Pasan las horas y llegan las buenas noticias: el lunes comienzo una nueva etapa. Con casi 25 años veo -al fin- que las renuncias, los sacrificios, el esfuerzo de los últimos ocho años tienen la recompensa esperada: hoy he dado el penúltimo paso para cumplir mi sueño, para llegar a la meta que me marqué. Ahora tengo por delante cuatro años para hacer lo que siempre he querido investigar y disfrutar de mi carrera, de mi vocación, de mi gran pasión, de las lenguas clásicas y la literatura, de esos pequeñas cosas que me dan vida.
Y a pesar de lo bueno, llega al mismo tiempo la temida pregunta: ¿y ahora cuál es la siguiente meta? Pero no soy yo quien se la plantea, es mi madre la que pone voz al pensamiento. Ella cree que la siguiente meta es conseguir un trabajo en una universidad. Yo no lo tengo tan claro. Ella aún no lo sabe, pero ha dado en la clave unas horas más tardes cuando, viendo una foto de mi noveno cumpleaños, me ha dicho: "Lo feliz que eras aquí, la ilusión que tenías siempre. Mira cómo te brillaban los ojos, no como ahora". Esa es la meta que tengo desde hoy, no hay ninguna mejor: la felicidad.