martes, 29 de abril de 2014

Pérdidas, ganancias y otros errores

No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. O sí lo sabemos, pero no nos importa perderlo, porque lo prohibido, lo doloroso, lo dañino trae consigo un componente adictivo que nos invita a rozar casi lo enfermizo y nos empuja a tolerar actitudes, personas y gestos en pos de un amor repartido con cuentagotas.

La línea que separa la ganancia de la pérdida es demasiado sutil, al igual que la que delimita lo bueno y lo malo. No siempre estamos predispuestos a ganar. No siempre elegimos lo correcto. A veces, aun a sabiendas de lo que se avecina, preferimos regocijarnos en el dolor esperando el milagro que nunca llega. Masoquismo barato que nos alimenta.

lunes, 21 de abril de 2014

Terrorismo emocional



A Leti, que acuñó conmigo esta expresión y es su representante número uno. 
Te quiero
  

Soy una terrorista emocional. Lo he (re)descubierto cuando he visto manar la sangre tras quitarle la postilla a las cicatrices tras horas de masoquismo llenas de canciones de cantatristes variados, versos de poetas desesperados y relatos amorosos no aptos para diabéticos o depresivos. Todo eso que parece que alguien escribió para mí y mis circunstancias. 

Luego ha entrado en escena mi corazón, tan oportuno siempre, trayendo consigo un nuevo nudo en la garganta, que solo consigo deshacer escribiéndote como si no hubiera mañana, como si estas palabras fueran la única forma de quitarme las ganas de ti. Pero nunca son suficientes, sobre todo cuando mi mente vagabundea por los recuerdos de lo que pudo ser y jamás será. Y es entonces cuando reapareces tú, tan cariñoso y dulce, con una mirada entre pícara y tierna, con esa chulería innata y la seguridad del que sabe que no será rechazado. Ahora es cuando comprendo que nunca debí dejarte salir del cajón y alejarme de la amistad con la que nos lamíamos mutuamente las heridas de un pasado que nos unía por la similitud de las experiencias a olvidar. Soy y fui una tonta. Siempre supe que dejarías ruinas y desolación a tu paso. Y que todo sería en vano (salvo esta inspiración que me has dejado y que pago a tan alto precio). He tardado demasiado en comprender que el amor no debe ser complicado, no se alimenta de migajas ni de mentiras. El amor tiene que ser más que eso. Tiene que ser sencillo. Algo bonito entre dos. 

Tú elegiste no elegirme frente a la belleza de unos ojos verdes. Yo prefiero la sinceridad del que se sabe vencido y decido no esperarte. 

Esta es la última vez que nos escribo. 

Este es el último atentado contra mi corazón.

viernes, 4 de abril de 2014

El secreto de la tortuga


Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir
.
 
(L. García Montero)

 



Desperté, otro día más, con el corazón encogido y las tripas revueltas por culpa de las malditas palabras que nunca te dije, las que expulsé en forma de lágrimas rabiosas, las que se me quedaron atragantadas en un patio sevillano en el que te esperé como agua de mayo para templar mis nervios y mis dudas.  

Quizá nos conocimos en el momento inapropiado y en la estación equivocada. Reinaba el invierno, yo aún tenía el corazón empapado de una sangre demasiado fría y tú hibernabas escondido dentro de tu caparazón. Quizá comprendí demasiado tarde que los dragones y los corazones son más parecidos de lo que aparentan: los dos escupen fuego y si los despiertas, tienes que estar dispuesto a luchar; pero tú vivías en la comodidad de la huída, en la certeza de cualquier sentimiento es perjudicial. O quizá todo tenga una explicación más sencilla: los dragones y las tortugas somos incompatibles. 

Quizá fuiste la imagen que yo creé a partir de mis ilusiones y fracasos anteriores y por eso volqué en ti todos mis anhelos. Quizá solo se trate de que nunca se me dio bien perder y el amor me hace mucha falta, como sabes. Ahora no sé cómo llenar este vacío que tan solo me devuelve silencios cuando antes vibraba con palabras. No puedo evitar echarte de menos. 

A veces tengo miedo y mi cabeza te desmiente utilizando el viejo truco del olvido. Pero entonces los recuerdos se acercan volando y me muestran que fuimos el secreto de la tortuga. Que todo fue real. Que me ponía nerviosa cuando te tenía cerca y más aún si me besabas. Que me abrazabas por la espalda cuando me acompañabas a casa y me sonreías a bocajarro, mientras tus ojos brillaban felices. 

Quizá, solo quizá, al final todo se reduzca a estos pequeños momentos en que nos abrazamos a la felicidad sin importarnos las consecuencias y los daños colaterales, a las veces que me miraste y te miré y sentí que entre tanta confusión, miedo y desengaños había algo que tenía verdadero sentido.