jueves, 14 de noviembre de 2013

Tengo

Tengo la rosa de oriente, 
el oro del sol naciente 
y lo que quieras pedir. 
Tengo el mapa del tesoro,
 tengo el palacio del moro 
para llevarte a vivir. 

(Javier Ruibal)

 

Tengo cientos de cuentos bajo mi almohada, uno por cada noche que seguimos en estas habitaciones separadas. Aunque tú no lo sepas, te los susurro al oído mientras duermes y no puedes verme. Soy una mujer de palabras y siempre cumplo lo que te escribo. 

Tengo un dragón bajo la cama y un monstruo en el armario, que no me dejan rendirme y me empujan a seguir siendo valiente, porque ya te he dicho miles de veces que el amor no es apto para cobardes.

Tengo un corazón en el bolsillo, que sigue escapándose enloquecido cuando algún caminante rezagado le devuelve tu perfume y confuso, corre desbocado a un encuentro imaginario.

Tengo un puente de palabras que nos une y nos separa. Tengo una paleta de colores para pintarte la sonrisa. Tengo un tarro lleno de ilusiones y una habitación preparada para cuando quieras abandonar la soledad. 

Tengo el recuerdo de un mordisco que aún siento y una oportunidad perdida que llora a la espera de ese sueño que no puedo contarte.

Tengo el último gintonic en la mano para brindar por ti, por mí, por nosotros, por lo que pudo ser y no fue, por lo que será, por el destino y la casualidad cogidos de la mano, por la felicidad que ya no se nos escapa.

Tengo tres puntos suspensivos preparados para transformarse en punto y final. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Hace ya

Hace ya muchos verbos que no sé de ti. Sonreír, llorar, reír, cantar, leer, dibujar, escribir, imaginar, pensar, ver, oler, escuchar, tocar, recordar, disfrutar. Vivir. Odiar y amar. Sí, sobre todo amar. Porque este particular odi et amo dotó de nuevos significados tantas acciones como verbos compartimos.

Hace ya muchos versos que los libros de poesía no hablan de ti, de nosotros. Ya no me devuelven tu aroma ni tus recuerdos. Ahora solo hablan del amor en general, de la idea romántica del amor que no compartimos, sin rostros ni dueños, sin fotos ni nombres.

Hace ya muchos besos que tu boca y la mía no se funden. Pero esto, pequeño, aún estamos a tiempo de solucionarlo.