domingo, 22 de septiembre de 2013

No quedan días de verano


Llega el fin del verano. Miles de corazones se separan, miles de parejas se rompen, miles de sueños de futuro caen hechos pedazos. Llega el esperado adiós tras ese hola inesperado. Miles de “te veré pronto” y “te echaré de menos” cruzan el aire, miles de promesas hechas por cada segundo y, al final, siempre reaparece el arrepentimiento de aquello que no hiciste, de lo que no dijiste, de lo que no escribiste. Miles de palabras quedan en el tintero, miles de besos permanecen para siempre en el recuerdo y los sueños se llenan de reencuentros imaginarios que no llegarán, pero ocupan cada uno de los recovecos de la mente hasta el próximo verano. Hasta el nacimiento de una nueva historia.

Maldito final, inevitable y odioso, donde la cantidad de lágrimas es directamente proporcional a la tristeza respirable en el ambiente.