domingo, 18 de agosto de 2013

Habitación 405



Yo había puesto encima de mi pecho un pequeño letrero que decía: “Cerrado por demolición”. 
Y aquí me tiene usted pintando las paredes y abriendo las ventanas.
Carlos Pellicer

Bienvenido a la habitación 405. Aquí tiene su llave. Está justo en el centro del edificio, si me acompaña le llevaré hasta la puerta, y así por el camino le informo de algunos detalles.

La habitación todavía no está terminada, tiene alguna que otra gotera producto de adversidades externas y la calefacción tarda en arrancar, por eso que a veces hace demasiado frío. Si pasado un rato ve que sigue sin funcionar, sonría. Aquí todo se mueve con la energía que desprende una buena sonrisa.
Perdone el desorden, todo está patas arriba, pero es que su llegada nos pilló desprevenidos. No suelen venir muchos habitantes por aquí, la dueña es bastante desconfiada y no deja pasar a cualquiera. Así que siéntase afortunado, esto es un privilegio que no está al alcance de todos. Incluso le ha construido una habitación exclusiva para usted. Ha debido calarle hondo.

Procura no rebuscar demasiado en aquellas cajas, es donde están guardados los malos recuerdos. Las de allí puede abrirlas y explorarlas tantas veces como quiera: al calor de un buen recuerdo todo se sobrelleva mejor.

Puede quedarse el tiempo que quiera. Yo me vestiré con sonrisas e intentaré hacer que su estancia aquí merezca la pena.

Bienvenido a las ruinas del pasado.
Bienvenido a la felicidad del presente.