lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz 2013


Cuando ya el reloj está próximo a dar las doce, cuando las uvas ya están preparadas en las copas, cuando ya la escoba está cerca de la puerta para barrer el año que está a punto de marcharse, llega el momento de hacer balance.

Intenso. No existe mejor adjetivo para calificar este año. Intenso para lo bueno y para lo malo, aunque, como suele decir mi madre, lo malo es mejor no nombrarlo ni llamarlo, que siempre viene solo. 

Ha sido un año lleno de momentos con los amigos de toda la vida y con las nuevas amistades que han ido naciendo a lo largo de estos doce meses, de cambios radicales, de giras y coros de mujeres tebanas, de muchos kilómetros en autobús, de emociones sobre las tablas de un teatro, de risas y nervios a flor de piel, de grandes momentos en cafetería, de noches en el O’Connell’s, de congresos y encuentros con gente maravillosa de todas las partes del mundo, de gin tonics en la Alameda, de cosquillas y sonrisas, de locuras por amor, de una graduación rodeada de los míos, de la familia de sangre y la familia clásica, de compañeros y amigos, de lágrimas de emoción con la lectura de un discurso que salía de lo más hondo de mi ser, del orgullo reflejado en la cara de mis padres, de esfuerzos y recompensas, de sueños cumplidos, de tomar decisiones importantes, del comienzo de un máster, de tinta y borrones, del despertar de la inspiración dormida y de sentimientos olvidados, de latín y griego, de Agamenón y Electra, de poesía y literatura, del nacimiento de una tesis y de muchas ilusiones puestas en el futuro.

Sí, definitivamente este ha sido un buen año.

¡Feliz 2013 a todos!

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pintar el mundo



Me he comprado una caja de colores. Siempre odié colorear, pero últimamente la vida se ha vuelto demasiado gris, y ya va siendo hora de devolverle los colores a mi mundo.
Pongo un poco de verde esperanza por allí, un poco del azul del mar en calma por allá, un pelín del naranja del atardecer más bonito del mundo alrededor, y rojo, mucho rojo, en el centro, dentro del corazón.

Y ¡voilà! He aquí mi primera obra de arte: tu sonrisa. ¡Ya jamás faltarán luz o color a mi mundo! Porque desde hoy será el pincel con el que colorearé la felicidad en mi cara.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Café con dos cucharadas de corazón


No había nadie más en aquel bar, sólo aquellos dos jóvenes bebiendo algo caliente que les ayudara a superar ese frío invernal.
 
Él estaba enamoradísimo de ella, pero era incapaz de decirle todas aquellas palabras que tanto ensayaba delante del espejo y que soñaba con soltar algún día. Se conformaba con mirarla a los ojos, en un pequeño intento de manifestar esas pasiones que habitaban su corazón. Ella ya había captado los sentimientos de su amigo, que sumándose a los suyos, llenaban cada recoveco de aquel pequeño bar. Pero su extremada timidez le impedía ser la que diera el primer paso.
 
Palabras tontas cruzaban de una punta a otra de la mesa, palabras sin compromiso que escondían aquellas que con tanta fuerza luchaban por salir. Él necesitaba declararle su amor y ella esperaba que lo hiciera de una vez, un sueño imposible, porque entre ellos había una barrera psicológica insalvable.
  
Pero la imaginación no tiene límites cuando se trata del amor. El chico tuvo una idea al ver su móvil sobre la mesa. La llamó sin dejar de mirarla a los ojos. Cuando la chica descolgó, empezaron a hablar, como si fueran invisibles. El chico no pudo callarlo durante más tiempo y le dijo que la amaba. Ella contestó que todas las noches soñaba con él. Expresiones de amor volaban en todas direcciones por el aire de la habitación y a través de los miles de kilómetros que recorrían sus voces antes de ser escuchadas a través de ese invento que salvó el gran abismo de timidez que los separaba. 
Te amo, te amo—, le decía el chico. 
Oigo dos voces a la vez, ¿a cuál de ellas debo creer?—, preguntó ella.

El chico le dijo que creyera en el amor. 




sábado, 15 de diciembre de 2012

Inspiraciones catulianas



At tu, Catulle, destinatus obdura.


Estúpida Laura, deja ya de hacer el tonto y eso que ves que ya está más que muerto, dalo por perdido. ¡Ay! Brillaron para ti radiantes soles, cuando aquel joven aún te sonreía. Pero ahora que él ya no te quiere, no lo hagas tú tampoco, no le sigas. Mantente firme, resiste, endurece tu corazón. No merece la pena estar triste.

¡Adiós, muchacho! Ahora tomo las riendas de mi vida.  No te buscaré ni te rogaré que vuelvas. Y aunque me torture imaginándome esos nuevos labios que morderás, me mantendré firme.

viernes, 14 de diciembre de 2012

El corazón en el bolsillo



Cada vez que salgo de casa guardo el corazón en el bolsillo de mi pantalón. Desde que te vio por primera vez se ha vuelto revoltoso y no hay quien lo aguante. ¡Hasta lo he pillado varias veces intentando escaparse por la ventana! Así que he pensado que lo mejor será hacer un trato: yo lo dejo en libertad todas las noches si me promete portarse bien durante el día. 

¡Es imposible vivir con un corazón que a cada momento se te sale por la boca!