martes, 15 de marzo de 2011

Viaje hacia mi interior

Nunca pensé que un viaje pudiera cambiarme tanto. Nunca pensé que ese viaje que siempre había querido hacer iba a ayudarme a ser mejor persona. Nunca pensé que volvería a sentirme tan cómoda rodeada de tanta gente. Nunca pensé que podría sentirme tan bien conmigo misma como en aquellos parajes. Nunca pensé que volvería a reír tanto. Nunca pensé que volvería a sentir esa paz.

Nunca pensé que pasear por la Acrópolis me pudiera hacer sentir tantísimas emociones a la vez. Nunca pensé que podría encontrar la tranquilidad mirando a unas aguas que no fueran las de mi Caleta. Nunca pensé que vería una puesta de sol más bonita que las que he visto en mi Cádiz.

Nunca pensé que pisaría las tierras de Micenas, que me sentiría como Agamenón volviendo a su patria tras la Guerra de Troya. Porque en ese momento yo volvía a mi patria, a la que siempre he sentido mía desde la otra punta de Europa.


Nunca pensé que podría cumplir un sueño. Nunca pensé que me vería representando esa tragedia que tanto ha significado para mí ante tanta gente y en un espacio tan mágico como es Epidauro. Nunca pensé que, aunque sólo fuera durante un segundo, podría sentir la magia del teatro con tanta fuerza.
Nunca pensé que la Pitia pondría ante mí el oráculo más claro y evidente de los que ha pronunciado a lo largo de la historia. Nunca pensé que sentiría la esencia divina a cada paso. Nunca pensé que volvería con esa ilusión que me empujó a comenzar el viaje de la Filología Clásica hace ya cuatro años.

Nunca pensé que estando a tantos kilómetros podría sentirte tan cerca. Nunca pensé que podría volver queriéndote más de lo que lo hacía, con las ideas más claras que nunca y con una sonrisa que aún no he perdido. Nunca pensé que volvería a creer firmemente que el amor puede ser eterno.

Nunca pensé que volvería a sentir esa necesidad imperiosa de escribir y aquí estoy, escribiendo de nuevo: hoy no me importa volver a dejar libres mis sentimientos, no me importa quien pueda leer esto, no me importa que alguien pueda conocerme de una manera más profunda a partir de lo que sale desde lo más hondo de mi ser. Hoy vuelvo a sentirme yo.



A veces es necesario poner tierra de por medio: llevo tanto tiempo intentando cambiar y sólo ocho días alejada del mundo han conseguido lo que durante años no he podido.



Bendita sea la tierra donde nació la cultura occidental, porque ha llenado de luces las oscuridades de mi alma.