sábado, 17 de octubre de 2009

Corazón, corazón...

Corazón, corazón, por irremediables heridas turbado,
¡levántate!, ¡defiéndete de tus oponentes ofreciéndoles de
frente el pecho! En emboscadas de enemigos resiste
con firmeza. Y, si vences, no te ufanes públicamente;
ni, si eres vencido, en casa derrotado te lamentes.
Con las alegrías ríe y con las desgracias llora,
pero no demasiado. Debes conocer el ritmo
que gobierna al ser humano.


Arquíloco de Paros